La
noticia más esperada
Nos
vamos. Las tropas españolas desplegadas
en Iraq comenzarán el repliegue de una
manera progresiva, sin esperar al 30 de junio.
Zapatero ha querido que fuera esa y no otra su
primera decisión como presidente del gobierno.
El ejercicio de responsabilidad al que aludía
el anterior gobierno se ha acabado.
La
salida del contingente español, que tanto
ha decepcionado a los señores de la guerra,
no ha de ser entendida como un paso atrás.
La tentación de ver un atisbo de debilidad,
legítimo derecho al pataleo, por otra parte,
de quienes juzgaron correcta nuestra participación
en la ocupación, o la catalogación
de nuestra marcha a un ejercicio de pacifismo
simple y barato, no deben distorsionar la realidad:
el Iraq actual es un país desmembrado e
incontrolado. El gobierno provisional auspiciado
por EE.UU. es una marioneta. La nueva constitución
iraquí es papel mojado antes de su aplicación,
y ésta es nuestra última oportunidad
de ponernos del lado de la legalidad y, desgraciadamente,
puede que ya sea demasiado tarde. Iraq es un polvorín
a punto de explotar.
Lejos
de interpretaciones políticas, la retirada
de Iraq no es más que la corrección
de un error histórico, que ha dejado a
España en el disparadero de los grupúsculos
y comandos que han convertido el Iraq de la posguerra
en un caótico enjambre de muerte y violencia.
Porque el resultado, al final, fue ese; a pesar
de la inmensa mayoría de españoles
que se posicionaron contra la guerra, la imagen
internacional de España no ha sido otra
que la de la foto de las Azores: España,
fiel aliada de EE.UU.
No
es hora de pedir responsabilidades porque Aznar
ya ha respondido por ello, en las urnas, democráticamente.
Sin embargo, sí es hora de lamentarse.
Lamentarse de haber entrado en el juego avaricioso
de Bush, Cheney, Rumsfeld y compañía,
por hacerse con el control de la distribución
petrolera. Lamentarse de haber avalado una invasión
ilegal, contraria al mandato de Naciones Unidas.
Lamentarse de haber apoyado un gobierno provisional
iraquí títere, incapaz, inepto,
desconocedor de la realidad del propio país
al que pretende dirigir. Lamentarse de haber patrullado
junto a norteamericanos de diecinueve años
con el gatillo fácil, para los que la alargada
sombra de Vietnam les lleva a un permanente estado
de shock. Lamentarse de haber aplaudido los planes
de quienes pensaban que la guerra iba a ser un
paseo, nunca mejor dicho, militar, y no desconfiaron
de una "victoria" tan rápida.
Lamentarse de la muerte de Julio Anguita Parrado
y José Couso, muertos por intentar ser
nuestros ojos en medio de tanta ignominia.
Por
fin nos vamos. Un año después, Iraq
no tiene un tirano dictador pero tiene la dictadura
de la violencia. La zona agrícola y ganadera,
que dijo Trillo, se ha sembrado de sangre y de
muertos. El mando aliado no es capaz de gobernar
un país que no entiende. EE.UU. no quiere
ceder el control a la ONU ¿Todavía
creemos que debemos seguir ahí? El refranero
español, que es muy rico y antiguo, nos
lo deja bien claro: una retirada a tiempo es una
victoria.
|