Es temprano. Hace frío. Estoy jodido.
Ayer vi a una mujer llorar. Lágrimas amargas, lágrimas
de rabia, impotencia, desencanto, lágrimas.
Es difícil la convivencia. Antes eran uno, fuerte,
invencible, capaz de desafiar el temporal. El tiempo ha pasado,
han ganado batallas, experiencia de vida … ahora son
dos.
Distantes, apenas se reconocen el uno en el otro. ¿Qué
ha pasado?. ¿Dónde se perdió aquella
unión?. ¿Qué cruce de caminos los separó?.
Está amaneciendo, las farolas se apagan … como
el álbum familiar. Tantas fotos, tantos recuerdos.
Sentimiento agridulce. Fracaso. Ya no se acuerdan. Conocen
la historia pero no la sienten suya. Es como si nunca hubiera
existido. No se reconocen en las imágenes. ¿Cómo
han llegado a esta situación?
La luz verde se enciende, los peatones cruzan. Cada uno con
su vida, sus preocupaciones. Nadie conoce a nadie. A nadie
le importa nadie. Para cada uno sus problemas son los más
importantes y los demás no existen. Llevan una máscara
gris en una ciudad gris. Rostros impenetrables. No expresan
sus emociones. Ocultan su realidad.
En casa cierran la puerta. Así no se enterarán
los niños. Antes era su habitación, su intimidad,
las caricias. Ahora es la cámara de los horrores, de
los reproches, amenazas, absurdo. Cierran la puerta, para
que no se enteren los niños. Irónico. Los niños
han crecido, experiencia de vida, tienen su propia máscara.
Saben lo que pasa. Ven a través de la puerta. Todo
se termina.
Acabó la jornada. Vuelta a casa. Acabó el descanso,
comienza la lucha. Miradas de hielo. Yo te ignoro, tú
me ignoras. Actúan.
Es de noche. Tengo frío. Estoy jodido.
Se apaga la luz. Se acaba una etapa. Comienza otra vida. Sueñan.
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