Vender la proliferación de emisoras sin licencia como fuente de todos los males de la radio es un hecho bastante recurrente en estos tiempos. Esa acusación, al igual que la búsqueda del apoyo popular contra los “corsarios de las ondas” parte, como ha sucedido siempre, de la ignorancia. Éstos son sólo unos puntos aclaratorios de lo que es la otra radio:
La radio libre ocupa espacio radioeléctrico
CIERTO. Cada Comunidad Autónoma tiene asignados unos kilowatios para emisiones a cada zona, suponiendo que, pasando de ese límite, habría saturación. No obstante, la potencia de emisión de las emisoras libres suele ser ridícula en comparación con las grandes emisoras. Tradicionalmente, el perro no acude al reparto de la comida familiar pero suele quedarse con las migajas. En este caso, alguien se obstina en quitárselas a escobazos.
La radio libre emite sin licencia
CIERTO. Pero no por voluntad propia. El concurso de licencias se convoca periódicamente por las Comunidades Autónomas y los ayuntamientos se reservan la opción de crear emisoras con titularidad municipal –no demasiado ajustadas a la ley, pero...-. No obstante, estos concursos de licencias suelen producir resultados sorprendentes. En ocasiones, el tribunal de los cuatro ceros para elegir al director de la Laboral sería un ejemplo de transparencia en comparación con el reparto de licencias. El asunto de fondo es otro: ¿alguien cree que las emisoras que no tienen licencia no querrían tener una? Aunque fuera una licencia “light”. Todo sería más fácil: para la propia emisora y para el resto de la sociedad.
La radio libre resta audiencia
FALSO. ¿con qué medios se le quita un oyente a “La Ventana”, “El larguero” y otros? En ese caso, el programa que consigue restar oyente debe ser tan bueno que no merece estar en una emisora pequeña. Otro caso es que los oyentes se vayan de las emisoras comerciales por cansancio o hastiados de los contenidos. Pero se irán a la emisora comercial de la competencia. ¿Se imaginan que Nestlé, por ejemplo, achacara unos malos resultados comerciales a que los empleados se meten un sobre de descafeinado en la manga?
La radio libre no está contemplada en la legislación vigente
CIERTO. Por emisora de radio sólo se entiende aquella que posee una licencia comercial o aquella de radioaficionado, además de las de taxis, policía, etc. El resto de emisoras, aunque sea para difusión cultural, no existe en la legislación actual. No obstante, tampoco existían los delitos informáticos hace veinte años, y se cambió la ley. Y anteriormente, existía el delito de “escándalo público” hasta que se derogó la ley correspondiente. La Ley cambia en función de los tiempos y de los avances de la sociedad. Si hace falta cambiar la normativa, se cambia.
La radio libre se asocia creando cadenas de emisoras
CIERTO. No es un hecho generalizado, pero en ocasiones se comparte programación y medios técnicos y humanos. De todos modos, ¿cómo puede asociarse algo que queremos demostrar que no existe?
La radio libre es radio pirata
FALSO. Si al dinero “extra” que se paga por un piso nuevo, o el que no se declara a Hacienda, se llama “dinero B” y no “dinero negro”, no sería de justicia llamar “pirata” a una expresión libre de emisión radiofónica.
El fenómeno de las emisoras sin licencia se podría llamar, por su volumen, “radio manta”
FALSO. No se puede comparar el asunto de las copias ilegales de CD con el fenómeno de la radio. En la radio no hay venta, no hay mafias y no es un hecho que se vea en la calle. Sí que se asemeja, como en el “Top Manta”, en que la industria correspondiente –en este caso, las radios comerciales- se aprovecha de él para buscar un culpable a sus números, en lugar de hacer un análisis de los errores propios que, como en la industria discográfica, son muchos y muy gordos.
|