Imaginando luces ganadas al hormigón
persiguiendo una sombra bajo el cielo nublado
íbamos yo y otro día perdido.
Con poco pasado y sin más geografía
que sus múltiples curvas y un mapa
me crucé con la muchacha perdida.
Preguntó por el 6 de Agosto.
En pleno Noviembre y lloviendo,
aquella chica extravió los veranos.
Sentí lástima de ella y decidí perderla.
Quedó satisfecha cuando la envié a los suburbios.
Había arrojo en sus pantorrillas húmedas
y gratitud en la sonrisa, ya huérfana.
Vivo en los confines de la ciudad.
Me enloquecen las muchachas perdidas.
La encontré de nuevo al borde de la noche,
al borde de las lágrimas
y de otros múltiples abismos juveniles.
Sentí vértigo con ella y decidí perderme.
Quedó satisfecha cuando la invité a un café.
Había luz en el camino a mi casa
mientras en su maleta se desfondaban los planes.
Desperté en los confines de un cuerpo.
Me enloquece perderme en sus calles.
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