El corredor de la muerte

por Lorena Toimil
Fotografía
: cárcel de allan Polunsky Unit, en Livingston, Tejas, USA

La relidad nace y se consolida tras años y siglos de historia. Para llegar a entender el mundo actual hace falta recorrer los acontecimientos y los hechos pasados. Sin embargo, existen muchas situaciones donde la historia no da todas las respuestas o no justifica enteramente nuestros comportamientos y circunstancias actuales. La pena capital, como práctica de castigo en países como EEUU y China, es ejemplo de una situación lejana y pasada que sigue viva y llameante en nuestro presente.

La pena de muerte o pena capital hace referencia a la ejecución de un prisionero como castigo por un crimen o delito. Dicho castigo, es una de las sanciones más graves y antiguas que hemos llegado a conocer, con métodos diferentes en virtud de la época histórica donde nos encontremos. El pago de un crimen con la pena capital es un hecho que se ha mantenido en nuestra cultura durante dos mil años, y hoy en día seguimos siendo víctimas de esta "metáfora" de la muerte, que se basa en la autoridad divina del Estado para gestionar la venganza. Estas ideas de castigo y venganza se introducen en la propiedad de una religión cristiana fraguada sobre las Sagradas Escrituras. La expulsión de Adán y Eva del Paraíso por infringir un delito, deja al descubierto a un dios sancionador y vengativo. Su multa: todos los cristianos deberán ser bautizados para eliminar de su cuerpo y de su alma el pecado original que Eva cometió y que pagará toda su descendencia.

Así, en los albores de nuestra cultura comienzan a forjarse ideas que actualmente mantenemos. La Iglesia, a lomos de su creciente poder en la Edad Media, lleva a la práctica el castigo y la venganza a través de la pena de muerte. Los métodos más diversos eran utilizados como herramientas sancionadoras delmal. La hoguera, el desmembramiento, el desangrado, la horca, la rueda… se dibujaban como formas de castigo para los delitos cometidos, aprovechando la delgada línea que separaba a la propia comunidad eclesiástica y al estado. No hay que olvidar la Inquisición en España y su labor exterminadora de herejes, utilizando la hoguera como método oficial para purificar con fuego el alma desviada.

Actualmente, la pena capital sigue presente en países económicamente desarrollados bajo el vestido de la justicia y la máscara del utilitarismo. Según los informes emitidos por importantes organizaciones pro-Derechos Humanos, EEUU, China e Irán proporcionaron al mundo el 80% de las ejecuciones en lo que va de año. Amnistía Internacional va más allá y emite cifras reales de las ejecuciones cometidas por los gobiernos. Para la organización, 42 personas han sido ejecutadas de enero a septiembre del 2004 en EEUU (son ya 927 presos muertos desde que la Corte Suprema de Estados Unidos anuló en 1976 la suspensión de las ejecuciones); al menos 726 personas han sido ejecutadas en China en el año 2003 (el gobierno chino mantiene en secreto las cifras reales de las ejecuciones practicadas. Se cree que el número es mucho mayor); y aproximadamente 108 personas fueron ejecutadas en Irán en el 2003, muchas de ellas en público.

Las cifras anteriores se sustentan en argumentos como la justicia, la utilidad social de la pena, el ejercicio de la legítima defensa de la víctima del delito por parte del Estado, el miedo a la fuga o reincidencia del preso, y otros factores económicos y humanos. Por otra parte, los detractores de la pena de muerte han conseguido demostrar y rebatir certeramente las razones de base del ejercicio del castigo capital. Así, han atacado la utilidad social de la pena de muerte elaborando documentos que muestran el nulo poder disuasorio del castigo para el delincuente. También han puesto en duda la autoridad del Estado para vengar a la víctima, lo que implica conocer sus intenciones en relación a su verdugo y llevarlas a cabo por ella; es decir, el Estado basa la pena en suposiciones e interpretaciones de hechos imposibles de saber.

Hoy en día muchos presos esperan su muerte en países retencionistas (países que tienen la pena capital en el Código Penal y la llevan a la práctica) de todo el mundo. La inyección letal es la forma elegida en su mayoría para cumplir su condena, aunque la lapidación, mucho más dolorosa y lenta, es un método conocido y utilizado en países donde legisla la sharía o ley islámica.

A día de hoy, los países abolicionistas superan en número a los retencionistas, lo cual muestra que la pena capital ha entrado en el corredor de la muerte para esperar su propio final. Sin embargo, la lucha contra la pena de muerte sólo ha ganado una batalla, ahora tiene que salir victoriosa en la guerra y demostrar la valía y la importancia de los Derechos Humanos en la sociedad actual, siguiendo la premisa del respeto y alejándose del castigo y la venganza. Como dijo una vez Mahatma Ghandi, "ojo por ojo y el mundo quedará ciego".


 
 
 


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