El pasado 17 de marzo, técnicos del Ministerio de Fomento procedían a desmontar de su pedestal la estatua de Franco que se erigía en la zona de Nuevos Ministerios, en Madrid. El acto, más propio de una película de Berlanga y al que no faltaron ni partidarios ni detractores ni tan siquiera la Policía Local (y eso que no había habido previo aviso), acabó con uno de los últimos vestigios del franquismo en la capital de España y desató una agria polémica entre Gobierno y oposición.
No fue la única retirada efectuada en esos días. El 23 de marzo "desaparecían" de Guadalajara las respectivas estatuas de Franco y José Antonio. En ese caso fue una decisión municipal, pese a no haber obtenido respuesta del Ministerio de Defensa a su solicitud de enviarles las estatuas, una vez retiradas. No hubo tanto revuelo como en Madrid, pero las bases más a la derecha del PP forzaron a Rajoy a dejar su viaje al centro y salir de nuevo a la palestra.
Pese a las críticas de los sectores más reaccionarios, la progresiva desaparición de las estatuas ecuestres de Franco parece imparable. En diciembre de 2003 se procedía a la retirada de la más significativa: la de El Ferrol, ciudad natal del Caudillo. Tras estas dos nuevas retiradas, sólo quedan en pie tres estatuas de Franco: la de Melilla, la de la Academia Militar de Zaragoza y la de Santander. Pero parece que su futuro está lejos de sus ubicaciones actuales.
Una estatua firmemente asentada
Mientras en Melilla y Zaragoza llevan años buscando acomodo para tan incómodo huésped, el Ayuntamiento de Santander, capitaneado por el Popular Gonzalo Piñeiro, se había negado en redondo, durante años, a mover la estatua del dictador de su ubicación actual, la plaza del Ayuntamiento. Sólo hace diez años, debido a las obras de construcción de un parking, la estatua de Franco, idéntica a la de Madrid (se hicieron con el mismo molde) desapareció temporalmente de su ubicación desde 1964.
Pero la estatua de Franco en Santander no es sino el estandarte de toda una gama de vestigios de la dictadura que provocó la denuncia de un grupo de expertos en Historia, encabezados por el profesor Charles T. Powell por la abusiva presencia de recuerdos franquistas en las calles de la capital cántabra. Posteriormente, una subcomisión municipal cifró en 30 calles y 12 monumentos los alusivos a la época de Franco.
La enconada negativa de Piñeiro a retirar la estatua se vio reflejada en sucesivos vetos a las propuestas de la oposición municipal para retirar la estatua ecuestre. En julio de 2002, PP y PRC (Partido Regionalista de Cantabria) votaban en contra de la retirada de la efigie. En noviembre de 2004, y con el PRC gobernando en Cantabria en coalición con el PSOE, Piñeiro y su grupo tuvieron que rechazar en solitario otra propuesta para retirar a Franco del centro de Santander. En aquel momento, el alcalde de Santander declaró que "La estatua de Franco hace que los más pequeños puedan aprender de la Historia, con todos los defectos y todas las virtudes". Además, Piñeiro justificó su negativa en base a la presencia en Madrid de otra estatua de Franco, la posteriormente retirada.
Donde dije digo...
A raíz de lo acontecido en Madrid, Piñeiro parece haber cambiado el discurso de manera radical. Ante las miradas de todo el país, que se dirigían a su ciudad, el mismo 18 de marzo anunciaba la retirada de la estatua de la plaza del Ayuntamiento, con matices, eso sí. En primer lugar, argumentando su cambio de parecer en la conveniencia de remodelar por completo el entorno de la plaza y llevándose, junto a la estatua de Franco, un escudo de la II República también presente en la zona. Para completar el "cambio de chaqueta", Gonzalo Piñeiro aludía a "su" propuesta de noviembre de 2004 para retirar la estatua y alegaba que sus declaraciones anteriores sobre la misma "habían sido malinterpretadas".
El futuro de la estatua
Por lo pronto, la estatua de Francisco Franco sigue flanqueando la plaza del Ayuntamiento de Santander. No obstante, han desaparecido de los laterales de su pedestal las referencias históricas a su colocación y al fundamento de la misma. La leyenda que aludía a cómo Franco había levantado de sus cenizas a la capital de la montaña, es ahora una piedra lisa. Todo parece indicar que la referencia mayor a épocas pretéritas, la propia estatua, le acompañará a un Museo de Historia que todavía no ha sido construido, algo que tampoco será obstáculo para la retirada de la estatua. Con matices, eso sí.
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